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La lucha del pueblo sirio por su soberanía: ¿se acerca el fin de la intervención imperialista en la República Árabe de Siria? PDF Imprimir Correo
Escrito por Alejandro Torres Rivera / Presidente CAAPR   
Sábado, 02 de Diciembre de 2017 23:30

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Al presente, Estados Unidos mantiene en suelo sirio entre mil y dos mil tropas. ¿Qué motiva la presencia de este país en un país contra el cual no se ha declarado la guerra ni su gobierno ha solicitado la presencia militar estadounidense en su suelo?



La República Árabe de Siria se encuentra ubicada en el Medio Oriente. Comparte sus fronteras, al norte con Turquía, al este con Iraq, al sur con Israel y Jordania y al oeste con Líbano. Desde el año 1967 Israel mantiene ocupada una porción de terreno conocida como ¨Alturas del Golán¨, zona estratégica como fuente de agua, dado que desde allí discurre este precioso líquido hacia la zona de Cisjordania, también parcialmente ocupada por Israel en Palestina.

Siria obtuvo su independencia de manos de Francia en el año 1946 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. No fue sino hasta el año 1963 que su gobierno adoptó el modelo republicano. Su constitución vigente define a Siria como una República Democrática Popular y Socialista, aunque ciertamente ese carácter ¨socialista¨ del Estado no asume las características de un ¨estado socialista¨ como lo hemos conocido en la época de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, o el modelo adoptado por la República Popular China, o las experiencias socialistas en países como Vietnam, la República Popular Democrática de Corea y Cuba, o aquella desarrollada a partir del final de la Segunda Guerra Mundial por los países que en el pasado conformaban la llamada Europa Oriental.

Su presidente es elegido mediante elecciones cada siete años y aunque debe profesar la fe musulmana, Siria no es un Estado teocrático regido por la religión y la ley musulmana. De hecho, hasta hace apenas una década, Siria era considerada uno de los Estados donde prevalece la fe musulmana entre la población con mayor tolerancia religiosa, coexistiendo en él diversas corrientes dentro de la fe musulmana, cristiana, judía y otras. Comparado con otros países árabes, Siria era considerado un país donde la mujer, por ejemplo, tenía mayor participación en la estructuración política del Estado.

En el pasado Siria, bajo el gobierno de Hafez al-Assad, padre del hoy presidente Bashar al-Assad; junto a la República Árabe de Egipto bajo el gobierno del presidente Gamal Abder Nasser, compartieron el ideario de configurar un Estado árabe unificado que respondiera a los intereses nacionales de la población musulmana en sus respectivos países y no a los intereses económicos de Occidente.

Por sus posturas a favor de la causa del pueblo palestino y su oposición a la creación del Estado de Israel en su territorio histórico, Siria participó activamente de las diferentes guerras libradas contra Israel a partir de su fundación, asumiendo un rol de liderato en la región. Desde hace muchas décadas, Estados Unidos calificó a Siria como uno de los Estados en la región que conformaban el llamado ¨Eje del Mal¨. Como ocurrió con Iraq durante el gobierno de Saddam Hussein, parte de la campaña de sucesivos gobiernos estadounidense señalaron el argumento de que Siria producía armamentos de destrucción masiva, ello con el fin de justificar sus políticas intervencionistas contra el país. Ello conllevó en el pasado operaciones encubiertas y agresiones aéreas abiertas contra instalaciones militares y científicas, de las cuales también participó su socio en la región, el Estado de Israel. Lo anterior también incluyó la adopción de fuertes medidas de naturaleza económica a partir de 1979, cuando Estados Unidos incluyó a Siria en la lista de países que según su gobierno, patrocinaba el terrorismo.

En sus intentos por derrocar al gobierno constitucional del presidente Bashar al-Assad, a partir del año 2011, comenzó una etapa de intervención directa de Occidente en Siria promoviendo un levantamiento armado en la ciudad de Daraa y promoviendo el desarrollo de fuerzas irregulares en otras localidades del país. Así surgió más adelante el Ejército Sirio Libre y diversas agrupaciones en otras ciudades compuestas por elementos desafectos al gobierno con el apoyo de fuerzas mercenarias entrenadas en diversos países árabes de la región, principalmente Jordania, Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y otros, todos ellos vinculados a las monarquías suníes apoyadas y sostenidas por Estados Unidos y los países de la OTAN en Medio Oriente.

A raíz de las protestas, el 28 de febrero de 2012 se efectuó en Siria un referéndum en torno a la aprobación o rechazo de varios cambios en la Constitución dirigidos, según la agencia oficial de noticias SINA, al ¨pluralismo político, justicia social y el mantenimiento de las libertades públicas e igualdad de oportunidades¨. Los cambios permitían la participación de nuevos partidos políticos; la prohibición de partidos basados en consideraciones étnicas, raciales, tribales o religiosas; equiparar derechos de todos los partidos políticos; limitar los términos en la presidencia del país a dos términos de siete años cada uno; y prohibir cualquier discrimen por razón de género, origen, lengua o religión.

A pesar de que ya había dado inicio a la lucha interna en Siria y muchas localidades en el oeste del país estaban bajo control de grupos insurgentes, en la consulta electoral participaron 8,366,447 ciudadanos, lo que equivalía al 57.4 % de los electores inscritos, de los cuales el 89% favoreció los cambios.  A pesar de las reformas aprobadas por el pueblo sirio, Occidente continuó su intervención en el conflicto que al presente ha causado la muerte de más de cien mil ciudadanos.

Con la intervención en el conflicto en Siria del Frente al-Nusra, que no es otra cosa que el nombre que adopta Al Qaeda en este país; y simultáneamente, con la formación de una disidencia de la propia organización de Al Qaeda en Iraq ocupando el territorio comprendido entre el oeste de Iraq y el este de Siria, se intentó crear en esta región un califato regido por la ley islámica. Los promotores de este califato adoptaron el nombre de Estado Islámico de Iraq y Levante (EIIL), pero que se conoce más a escala mundial por sus siglas en inglés como ISIS o Daesh como se le llama en árabe. Con ello se produjo un incremento sustancial en el conflicto sirio.

Al comienzo 2011 Siria era un país con una población estimada en 19 millones de habitantes. Para entonces, en la región este de Siria, pasaron a vivir miles de refugiados iraquíes que huían del país como resultado de la guerra desatada por Estados Unidos contra el gobierno de Saddam Hussein.

La población de la porción oeste de Iraq, que es la próxima a Siria, es fundamentalmente de profesión suní. Fue esta la población más golpeada como resultado de la intervención estadounidense luego de la segunda guerra del Golfo, particularmente porque era de esa región de donde procedía Hussein; de donde procedían los principales dirigentes del partido Baaz que gobernaba en Iraq previo al derrocamiento del gobierno de Hussein; de donde procedían gran parte de los mandos militares iraquíes; y contra los cuales se adoptaron las principales medidas políticas de exclusión en el nuevo gobierno instaurado en Iraq por Estados Unidos. Muchos de esos combatientes que se unieron al ISIS son precisamente los hijos y nietos de los muertos suníes en Iraq como resultado de la invasión estadounidense.

La generalización de la lucha en suelo sirio en los pasados seis años ha causado gran dolor a su pueblo. Millones de seres humanos han salido del país como refugiados, principalmente hacia Europa en una de las peores catástrofes de esta naturaleza desde la Segunda Guerra Mundial; millones de habitantes han sido desplazados de sus hogares hacia otras regiones dentro de Siria o países limítrofes; se cuentan en mucho más de cien mil los fallecidos en este conflicto; la mayoría de ellos civiles; son incalculables las pérdidas materiales en la infraestructura del país, como son también incalculables las pérdidas históricas patrimoniales.

A pesar de la destrucción y los daños causados, el gobierno de Bashar al- Assad se ha mantenido en pie. En ello ha sido decisivo el apoyo material y diplomático recibido por parte de países como la Federación Rusa, la República Popular China, la República Islámica de Irán y las milicias de Hezbolah, provenientes de Líbano. Al presente, el fiel de la balanza se inclina ya hacia una virtual victoria de las fuerzas sirias y sus aliados, en la recuperación de su territorio nacional, la destrucción de ISIS y la restauración de la gobernanza en el país. Así lo reconocen hoy importantes analistas de los sucesos en el Medio Oriente.

En un escrito anterior al comienzo del presente año decíamos en torno a la batalla librada por la reconquista de Alepo. lo siguiente:

¨Al cierre del año 2016 ya era definitiva la noticia del triunfo del pueblo sirio en la batalla por la liberación de Alepo, la segunda ciudad en población en el país. Para algunos analistas del desarrollo de la guerra de intervención imperial contra la República Árabe Siria, Alepo pasa a ser el Stalingrado del gobierno sirio en su resistencia contra la agresión extranjera y mercenaria. Tras su liberación por parte del ejército sirio con el apoyo de combatientes de la Federación Rusa, la República Islámica de Irán y de las milicias libanesas de Hezbolá, esta ciudad de 192 kilómetros cuadrados, con una población estimada al comienzo del conflicto hace cinco años en más de 2 millones de habitantes, comienza lo que será un largo proceso de recuperación¨.

Hoy, liberada ya no solo Alepo sino también otras importantes ciudades como Homs y Daraya, como también importantes suburbios alrededor de Damasco, y habiendo asumido ya las fuerzas sirias el control de casi toda la porción oeste del país, las fuerzas gubernamentales continúan su avance hacia los reductos de ISIS en el territorio oriental del país aún bajo su control.

De acuerdo con Robert S. Ford, Senior Fellow en el Instituto sobre el Medio Oriente y del Instituto Jackson para Asuntos Globales Kissinger en la Universidad de Yale, en su artículo publicado en la Revista Foreign Affairs titulado ¨Keeping Out of Siria¨ (septiembre-diciembre 2017), la guerra en Siria ha entrado en una nueva etapa donde el presidente al-Assad ha controlado la porción oeste del país, mientras las fuerzas que encabeza Estados Unidos avanzan sobre los remanentes de ISIS al este. Sin embargo, señala, Estados Unidos deberá tomar una decisión sobre cuándo y cómo ha de retirarse de Siria.

Señala Ford que ante la decisión del gobierno sirio de recuperar la totalidad de su territorio, para Estados Unidos dejó de  ser una opción continuar dando su apoyo a las milicias kurdas en el norte de Siria, más aún en momentos en que la intención de los kurdos de formar un Estado independiente choca con los intereses turcos. Recordemos que algún momento, en su campaña contra Siria, el gobierno de Turquía prestó apoyo a los kurdos en el norte de Siria frente al gobierno del presidente Bashar al-Assad. Indica además Ford, que el intento de conformar tal estado independiente kurdo colocaría en ascuas la unidad territorial turca, donde una gran porción en el sur de su territorio está poblado por kurdos. Lo mismo ocurre con el norte de Iraq, donde se encuentra también parte de la población y donde también soplan vientos independentistas que afectarían la integridad territorial de este país. Recordemos que el Kurdistán histórico se ubica en territorio de lo que hoy son Turquía, Siria, Iraq y una pequeña porción de Armenia.

Para Ford, el éxito logrado por el gobierno sirio con el apoyo de la Federación Rusa e Irán en promover no solo el cese al fuego de parte de algunos grupos insurgentes ha facilitado al gobierno sirio la recuperación de parte de su territorio. Esta distensión también está vinculada con la decisión siria de no darle paso a los gobiernos locales que fueron establecidos ante un anterior vacío de poder, en algunas regiones de su territorio nacional. Para Siria, estos gobiernos locales no deben continuar existiendo una vez el Estado asuma el control de los territorios donde antes operaban grupos insurgentes.

En los territorios que aún ocupan los remanentes de ISIS, vienen librándose dos campañas militares: por un lado las fuerzas del gobierno sirio avanzan hacia los últimos reductos de ISIS al oeste del Río Éufrates; mientras que las fuerzas kurdas, agrupadas en torno a lo que en inglés se denominado como las ¨Syrian Democratic Forces¨ (SDF), avanzan sobre los reductos de ISIS en el este y norte del país, llamada por los kurdos Rojava, proclamada como región autónoma. Indica Ford que una vez el ejército sirio tome Abu Kamal, el último reducto de ISIS al oeste del Río Éufrates, y las SDF tomen Raqqa, ya no quedará nada que tomar de ISIS. En adelante, indica, el gobierno sirio enfilará sus cañones hacia los campos petrolíferos de Deir ez-Zor, necesarios para financiar la reconstrucción del país.

Bajo ese escenario, Ford concluye la inevitabilidad de que eventualmente se produzca un enfrentamiento entre las tropas sirias y kurdas. En ese escenario, advierte, Estados Unidos debe mantenerse fuera de ese enfrentamiento, dado que su apoyo a los kurdos tan solo conllevaría incrementar las contradicciones norteamericanas con Turquía. Esto a su vez conllevará una mayor acercamiento entre Siria y Turquía, entre Turquía y la República Islámica de Irán, que ha sido importantísima en su apoyo a Siria y claro está, el papel que desempeñaría en ese escenario la Federación Rusa como aliada de Siria, Irán y también Turquía.

Se trata de cómo se llegará a un nuevo año, desde la Batalla de Alepo a la liberación plena de Siria; y como tal, de la misma manera que ocurrió luego de la Batalla de Stalingrado, comenzar la reconstrucción del país procurando recuperar el tiempo y las pérdidas materiales habidas, ya que sabemos, nada devolverá la vida de las víctimas de esta intervención imperialista contra el pueblo sirio.

 

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