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La condición colonial es nuestro gran problema PDF Imprimir Correo
Escrito por Noel Colón Martínez / Dirección Nacional MINH   
Miércoles, 05 de Febrero de 2014 04:17

prPuerto Rico es un país asediado pero a la vez un país lleno de posibilidades. Está asediado por sus deudas monumentales; por las casas acreditadotas; por la pobreza; por la falta de productividad y la ineficiencia de su administración pública; por la exacerbada delincuencia y desorganización social; por la acelerada reducción de su población joven y por el envejecimiento de su población adulta; por una demografía que le quita el sueño a cualquiera, [...]

con índices de natalidad que compiten con los más bajos del mundo; junto a unas expectativas de vida de país desarrollado. Somos, además, un enjambre de contradicciones al momento de tratar de consensuar soluciones a largo plazo sobre nuestros problemas económicos, políticos y sociales. Con tan graves problemas, ¿de dónde salen las posibilidades que mencioné antes?

Pienso que en Puerto Rico abundan los que no se quitan. Podríamos designarlo como reciedumbre colectiva, como capacidad para resistir y retar las adversidades. Cuando los españoles entraron a fines del siglo 15 y muchos de ellos permanecieron luego de saquear las riquezas tras las cuales venían, se vieron a su vez abandonados por la España golosa y explotadora que abandonó la Isla y se dirigió al sur buscando riquezas que no encontraron aquí. La Isla permaneció como una colonia abandonada con escasa ayuda y menos esperanza. Con el Situado mexicano y el contrabando fuimos construyendo, también, una reciedumbre que nos la dio el entrecruce de tres razas que convivían o se extinguían pues el desamparo fue largo y cruel y culminó en 1898 con la entrega de un país a un tercero como si fuéramos una finca, con los animales en la finca.

No pienso que reseñar lo que ha sido la vida con el otro imperio sea necesario en vista de que el párrafo primero resume la consecuencia del colonialismo en la vida puertorriqueña desde la invasión norteamericana de 1898. Hemos sufrido todos los desmanes del colonialismo, pero desde Suecia y de manera lapidaria el último Bush le dijo al mundo que aunque vecinos aquí no los queríamos y unos años después le explicamos porqué en el plebiscito del 6 de noviembre de 2012. Le dijimos a Estados Unidos que no deseamos mantener una relación colonial. Muchos piensan que ellos no habrán de hacer caso al reclamo de los puertorriqueños porque no le hicieron caso a la más importante resolución anticolonial aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1960, 8 años después de aprobar el ELA colonial. (Res 1514- XV).

A la vez que ignoraban los reclamos de independencia de Puerto Rico comenzaron en 1960 una época que no termina, de atropellos contra Cuba y de protecciones a las dictaduras en América Latina desatando en esta región una oleada genocida contra los luchadores por la libertad y por la democracia que ellos dicen defender. Piense en cualquier país y ahí estaba Estados Unidos violando derechos humanos y prodigando represión política. Donde asomó la libertad política, como en Chile, se adelantaron a pisotearla. En Puerto Rico esa arrogancia política imperialista exhibió sus peores mecanismos represivos. Nada detuvo, sin embargo, la denuncia internacional que hicimos, con mucho éxito, desde Puerto Rico. Contra todas las intimidaciones, amenazas y represalias la campaña en defensa de nuestra libertad llegó a muchos países latinoamericanos, al Comité de Descolonización de Naciones Unidas y a muchas organizaciones internacionales. Con la ayuda principal de Cuba y Venezuela, durante ese nefasto período, Puerto Rico nunca fue un tema ausente en el combate contra el imperialismo y el colonialismo. La historia del anticolonialismo avanza, sin embargo, a pasos apresurados en estas primeras y segunda décadas del siglo 21.

Cuando Estados Unidos concibió la idea de continuar una era de dominio sobre América Latina mediante lo que concibieron como un sistema de tratados de libre comercio conocido como el ALCA, América Latina respondió con el ALBA, fundada en Cuba el 14 de diciembre de 2004. Posteriormente, el Grupo de Río dio paso a la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se funda en México en 2010, que convoca una cumbre en Caracas el próximo año pero que reúne su primera cumbre en Santiago de Chile en 2013 y en el presente enero de 2014 acaba de cerrar su Segunda Cumbre de Jefes de Estado en La Habana. Por primera vez una vasta organización que incluye a América Latina y el Caribe se manifiesta de manera concertada y sin vacilaciones o ambivalencias en defensa de la independencia de Puerto Rico; declara a América Latina zona de paz y libre de colonialismos; proclama un compromiso con los reclamos de Argentina sobre las Malvinas y sobre el cese del control norteamericano sobre Guantánamo.

La Comunidad nos asegura un apoyo continental a nuestros reclamos en la ONU y nos ha dado una posibilidad real de poder insertarnos en el sistema de Petrocaribe. Poder insertarnos en Petrocaribe es tocar la fibra sensitiva de la pobreza y los niveles de vida en Puerto Rico pues el petróleo es el factor que más encarece y empobrece la vida puertorriqueña. Han expresado que somos un asunto de interés para la CELAC y están dispuestos a explorar pasos afirmativos para hacer buena esa afirmación. Como cuestión de hecho, se nos ha afirmado que aunque Puerto Rico no es miembro de la CELAC por carecer de soberanía política, tal impedimento puede ser obviado en el caso de Petrocaribe pues excepciones similares ya se han realizado en el pasado.

La asamblea legislativa de Puerto Rico ha designado una comisión conjunta para analizar los proyectos que aspiran a remitir a una asamblea el asunto del estatus como lo prometió el PPD. No sabemos el grado de compromiso real que esas comisiones tengan con el tema del estatus y con el mecanismo de asamblea. Pensamos que, de todos modos, están sin alternativas. Creemos que si optaran por acogerse al trámite que propuso Obama, pensando que el Procurador General de Estados Unidos va a determinar que el ELA como está es constitucionalmente viable, se encaminan a otra mayoría electoral contra esa desacreditada alternativa. El ELA está muerto, y si en más de 60 años se ha ido reduciendo, reclamar crecimiento futuro es una broma de mal gusto.

Estados Unidos no tiene a Puerto Rico, ni puede tenerlo, como territorio camino a la estadidad. Los puertorriqueños rechazan al ELA fraudulento que ha encubierto por más de 60 años la permanencia del régimen colonial mientras el mundo se ha descolonizado. Una colonia con $70,000 millones de dólares de deuda pública sólo se puede rehabilitar mediante el reconocimiento de su soberanía política; basta con mirar a Latinoamérica, basta con examinar su desarrollo social, sus niveles de solidaridad, su preocupación por la justicia social y su enorme e impresionante desarrollo económico. Ésta es la hora del sur. Un Puerto Rico arruinado y desorganizado debe sentir vergüenza ante la indiferencia de su clase política por el daño irreversible que puede producir la dependencia y la intervención foránea.

 

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