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Bolívar y Hostos, precursores de la CELAC PDF Imprimir Correo
Escrito por Carmen Salazar de Romero   
Miércoles, 19 de Agosto de 2015 14:15

bolivar-hostos

Conferencia de Carmen Salazar de Romero, en el Auditorio de la Biblioteca Pedro Mir de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la celebración del  3er Congreso Hostosiano, el 12 de agosto de 2015.



Estamos en el Océano Atlántico, en  las aguas del Caribe mar, de un verde azul incomparable, de cálidas arenas y exuberante vegetación. Un mar paradisíaco que nuestros originarios llamaban Charaibi, cuyo significado es:   Hombres Sabios. Este gen  prevalece en la fusión multiétnica que hoy somos: raza mestiza, latinoamericana y caribeña, madre de libertadores y no de conquistadores.

Señoras y señores, amigos todos, al unirme al saludo protocolar, pido licencia para agradecer a la amiga Berta Jazmín Echeverría, Secretaria Ejecutiva de la LIGA HOSTOSIANA de Santo Domingo, a quien debo el honor de estar ante ustedes en esta  primera Alma Mater americana. Fue Berta Jazmín quien me presentó a los ilustres miembros de tan importante organización. También quiero agradecer a mi esposo, el historiador Bolivariano Vinicio Romero Martínez, el haberme hecho partícipe de sus ideas  y escritos. Además ce mi solidaridad al Pueblo de Puerto Rico en tan difíciles momentos. De inmediato paso a desarrollar el tema que me he propuesto: Bolívar y Hostos, precursores de la  CELAC.

Les invito a retroceder en el tiempo para que hagamos una primera parada en Caracas, capital venezolana, en la Sala Ríos Reyna del Complejo Cultural Teresa Carreño. Son las siete de la tarde, viernes dos de diciembre de dos mil once. Ya no es un sueño, es una realidad… treinta y tres repúblicas IBERO-ANGLO-FRANCOAMERICANAS,  representadas por sus Jefes de Estado, participan en el acto de instalación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Seguramente, asomados en el balcón de la eternidad, están Bolívar y Hostos, abrazados, emocionados de ver concretarse la unión Gran Colombiana y la Gran Confederación Antillana en un haz de pueblos libres, soberanos e independientes.

Sigamos retrocediendo.  Ahora estamos en la segunda década del siglo XIX. En Kingston, la capital de Jamaica, Allí está Simón Bolívar, en la flor de sus 32 años, ungido en 1813 con el título de Libertador. Ha llegado el 14 de mayo de 1815;  es su segundo destierro; derrotado pero no vencido. El historiador colombiano, Indalecio Liévano Aguirre lo define así: (cito) “En los anales de la humanidad, muchos grandes hombres han sintetizado antiguas fuerzas sociales en marcha, y conquistando la gloria por su poder de asimilación de un gran proceso colectivo, pero muy pocos han logrado, y ni siquiera intentado, crear un movimiento histórico (…) como se propone hacerlo Bolívar” fin de la cita.

En diciembre de 1814, han sido sus compañeros de armas quienes expulsan a Bolívar de Venezuela. Se dirige a Nueva Granada, pero los conflictos continúan, por lo que abandona el Virreinato y se dirige a Jamaica; intenta buscar el apoyo de Inglaterra. Envía una carta a Londres a Ricardo Wellesley, diciéndole: “El equilibrio del Universo y el interés de la Gran Bretaña se encuentran perfectamente de acuerdo con la salvación de América ¡Qué inmensa perspectiva ofrece mi patria a sus defensores y amigos! ciencias, artes, industrias, cultura, todo lo que en el día hace gloría y excita la admiración de los hombres en el Continente europeo volará a América….” Fin de la cita.

El deseado apoyo inglés no llega y los recursos económicos se acaban. Sin dinero y escondiéndose de quienes lo conocían, llega a su vida un Ángel de piel morena. Se trata de la dominicana Julia Cobier, de gran influencia en los grupos de poder de la Isla, quien, al saber de su ascenso y caída, quiso conocer al iluso que,  sin tener ni con que comer,  hablaba de liberar un continente. Gracias Julia Cobier, eres un importante vínculo que nos une a esta tierra quisqueyana.

La Isla de Jamaica, para nuestro Libertador, es el repensar y meditar profundamente sobre el porvenir de América. Es Jamaica el escenario perfecto para profetizar el provenir de nuestro continente latinoamericano y caribeño. Es en Jamaica donde, dando respuesta al caballero inglés Henry Cullen escribe  la Carta de Jamaica, de la que estaremos conmemorando el bicentenario, el 6 de setiembre de 2015, y de la que he tomado los siguientes fragmentos:

“…Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil. No somos indios, ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país…”

“Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación que con un solo vínculo que ligue sus partes entre si y con el todo. ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!

“…Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las otras tres partes del mundo…” fin de la cita

Sin duda Simón Bolívar escribió para el mundo; catorce días más tarde hace traducir el texto al inglés; buscaba que su pensamiento y sus intenciones se conocieran en Estados Unidos y en Europa, sobre todo en Londres, a donde pensaba dirigirse para continuar la lucha por la independencia. De todos modos vale la pena señalar que a partir de este momento Bolívar deja de pensar en Inglaterra.

Acompañemos a Bolívar en su retorno a Venezuela, en donde logra la reunificación de los ejércitos. En 1817, con la Batalla de San Félix se libera la Provincia de Guayana; en 1818, Páez y sus lanceros se unen al Ejército Libertador y en ese mismo año, el Libertador crea el Correo del Orinoco: la Artillería del Pensamiento.

El 15 de febrero de 1819 se instala solemnemente El Congreso de Angostura, en cuyo discurso de instalación ya se perfila el pensamiento y Doctrina Bolivariana:

Cito: “El sistema de Gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política…”

Para  ese año de 1819, el Libertador ya era el Héroe Inmortal de la revolución Americana, sus hazañas eran seguidas y comentadas en revistas y periódicos de Europa,

Ell historiador Jorge Mier Hoffman así lo reseña: cito: “Todos deliraban por el Libertador..! Su revolución fue inmortalizada a la altura de los clásicos antiguos como la Divina Comedia de Dante Alighieri, la Ilíada y la Odisea de Homero, Romeo y Julieta de los clásicos de William Shakespeare, cuyas obras teatrales colmaban de público los mejores salones de Europa…  … y hasta se creó una moda de sombreros que revolucionó el vestir del sexo masculino, puesto que su diseño, en opinión del sexo femenino, inspiraba: virilidad, arrogancia, inteligencia, valor y el heroísmo del hombre personificado en Bolívar, al que las damas idealizaban como el “príncipe de sus sueños”.

Simón  Bolívar  es el héroe que siempre sale victorioso de un atentado, de una batalla sangrienta. El militar español, Pablo Morillo, al firmar el Tratado de Regularización de la Guerra, en noviembre de 1820, en la ciudad de Trujillo y entrevistarse con él, escribe al Rey de España lo siguiente: “Nada es comparable a la incansable actividad de ese caudillo llamado Bolívar. Su arrojo y su talento son sus títulos para mantenerse a la cabeza de la revolución y de la guerra; pero es cierto que tiene de su noble estirpe española rasgos y cualidades que le hacen muy superior a cuantos le rodean. (fin de la cita)

Simón Bolívar representaba los ideales más puros: no le interesaba lo material, no aceptaba sobornos, era incorruptible;  no utilizó condecoraciones, no participaba en ningún tipo de negocio… su única razón de vivir fue la entrega total por su pueblo. En síntesis y con mucho orgullo podemos decir que Bolívar es el personaje más importante del Siglo XIX.

El escritor mexicano Guillermo Sherwell expresó lo siguiente: “El que estudia a Bolívar siente al terminar su tarea, la misma reverencia que se experimenta al dejar un lugar sagrado, donde el espíritu ha estado bajo la influencia de lo sobrenatural y lo sublime” (fin de la cita).

Bolívar es acción, pensamiento y doctrina. Es este el personaje con quien se hermana el Ciudadano de América,  Eugenio María de Hostos.

También es gigantesca la tarea de Hostos, como la de otros latinoamericanistas: Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí… Gritar a los cuatro vientos quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos.

Hostos proclama el Caribe como una angustia y una necesidad. Para él, el Caribe es “Mar de las antillas, Mar Caribe o de Colón, cuyo nombre se asocia al momento más glorioso de la historia moderna…dos grupos de islas que en los días venideros de la historia serán la Grecia del nuevo continente…” Ahí está Bolívar, sólo que él piensa que Panamá será para el mundo moderno como Corintio para los griegos.

Señala que es imprescindible  que la política obedezca a la geografía, la realidad a la necesidad y la consecuencia a la premisa. “Entonces el Continente se llamará Colombia , en vez de no saber cómo llamarse; en vez de ser la patria de peruanos, chilenos, argentinos, mejicanos…concurrirá con todas las demás al gobierno internacional de todas y al poder…lo impondrá eficazmente la fuerza colectiva.”

Nuevamente Bolívar. Pero, antes, el precursor. El inventor de la palabra “Colombia” es Francisco de Miranda; él quería darle ese nombre al continente libertado. Luego la adopta Bolívar para la República que fundó el 17 de diciembre de 1819.

Hostos entendió su gran patria como la América nuestra. Destruida la unión gran colombiana, Hostos hace un nuevo esfuerzo al intentar la confederación antillana o caribeña, bajo el criterio de la necesidad de una América unida. Se refiere, por supuesto, a nuestra América.

Suena lógica la idea de toda una América libre, por razones de geopolítica, aunque la palabra no hubiese existido. Nada se hace con tener un territorio libre, independiente, si el vecino, o uno solo de la región permanecen en manos del imperio, colonizado. De allí la intención globalizadora, ajena al sentimiento de patriecita que llegó a imperar en las mentes de algunas “nulidades engreídas”, de algunos mediocres que no entendieron nunca que la patria está más allá de las fronteras. Por eso Bolívar era muy claro cuando decía: “Nuestra patria es América”.

Hostos es de los pocos que se da cuenta de que existe latente un sentimiento de nacionalidad entre los isleños del Caribe. El Libertador, que casi toda su vida fue centralista, en 1826, pensando en Panamá, señala que “en la marcha de los siglos podría encontrarse, quizá, una sola nación cubriendo el universo: la federal.”

La idea de federación de Hostos es bolivariana. En 1874 Hostos dice: “El tiempo de la federación de las provincias españolas entre sí ha llegado, el tiempo de la federación de las Antillas con España ha pasado. España es Europa. Las Antillas son América. América y Europa, dentro del destino común de la humanidad, tienen fines diversos.” Y aquí viene una predicción: “Fedérense los europeos para cumplir los (fines) suyos; federémonos los americanos para cumplir los nuestros.”

Hostos escribe “¿Qué es la gloria para mí? Es una luz que brilla lejos de la tierra, muy cerca de la gloria de Dios, en su región. La gloria de los hombres, el aplauso del mundo, las alabanzas que merezcan las facultades creadoras; no me halagan; halagan mi vanidad por un momento; ni por uno mi razón y mi conciencia… No quiero esto… Quiero la admiración de los hombres tras la muerte: quiero sus alabanzas cuando no las oiga…”

Bolívar habla repetidas veces de la gloria, inclusive cuando explica que pensaba en la gloria de aquel que algún día libertara su patria, sin imaginarse que ese papel le corresponderá a él mismo.

Hay una etapa española en la vida de Hostos. En el prólogo a la segunda edición de su escritura primigenia, La peregrinación de Bayoán, revela ya su sentimiento de patriotismo y su ideal de libertad y de justicia: “España, tiranizadora de Puerto Rico y Cuba, estaba también tiranizada. Si la metrópoli se libertaba de sus déspotas, ¿no libertaría de su despotismo a las Antillas? Trabajar en España por la libertad, ¿no era trabajar por la libertad de las Antillas?

“Las Antillas estarán con España, si hay derechos para ellas; contra España, si continúa la época de dominación.” Hostos quiere la confraternidad con España y hasta llega a proponer y predicar la confederación con las Antillas”.

¿Quijote, soñador? No tanto. Bolívar también abre la América para los españoles si vienen a trabajar, a recoger los frutos del trabajo, pero no a esclavizarnos. Estas son sus palabras, el 24 de enero de 1821, en carta a Fernando VII: “Es nuestra ambición ofrecer a los españoles una segunda patria, pero erguida, pero no abrumada de cadenas. Vendrán los españoles a recoger los dulce tributos de la virtud, del saber, de la industria: no vendrán a arrancar los de la fuerza.”

Pero como ya sabemos, Bolívar fue más allá del proyecto original de libertar a Cuba y a Puerto Rico. En 1826, estimulado por Puertorriqueño Antonio Valero de Bernabé, escribió a Páez y a Sucre, proponiéndoles que se prepararan para libertar a Cuba y a Puerto Rico, y de allí pasarían a España, a libertar a los españoles del absolutismo de Fernando VII.

En la obra de Hostos se observa la desgarradora voz, desesperada voz que predica la libertad y la busca a toda costa para Cuba y Puerto Rico. Desde La Peregrinación de Bayoán se hace presente la palabra firme, de protesta, ante la actitud de España frente a América, y muy particularmente frente a las Antillas que son su amor, el motor de su corazón, la razón de ser de su lucha sin tregua.

En 1870, decepcionado con los dirigentes demócratas, republicanos  y liberales de España, que tuvieron temporalmente el poder y le dieron igualmente la espalda a las Antillas, Hostos habla a los puertorriqueños con el dramatismo del sinsabor: “Del sacrificio de mis esperanzas, respondan treinta y un años estériles que, empleados como han sido, en el trabajo de la justicia y la verdad, hubieran podido realizar las atrevidas esperanzas.”

Treinta y un años estériles: ¡qué amarga confesión! ¿No lo hizo, acaso, también el Libertador? Al final de sus días se ve obligado a decir: “El que se une a una revolución ara en el mar”.

Y también confesó: “La Independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos…con todo el esplendor de la gloria y de la libertad.”

Tuvo Hostos sus momentos de desesperación; quería irse, quería perderse, tal era su estado de ánimo ante la indiferencia de aquellos a quienes creía incondicionales de la libertad. También el Libertador pasó por esas crisis de ciclotimia. El 8 de marzo de 1830 le escribe a Joaquín Mosquera: “Yo estoy resuelto a irme de Colombia, a morir de tristeza y de miseria en los países extranjeros. ¡Ay mi amigo, mi aflicción no tiene medida, porque la calumnia me ahoga como aquellas serpientes de Laocoonte.”

En su peregrinar por Suramérica llega Hostos a Venezuela en 1876, para ser testigo de los últimos meses del primer gobierno de Antonio Guzmán Blanco. Se impone una investigación profunda que dé luces sobre la permanencia y actuación de Hostos en tierra venezolana.

En Caracas, Margarita y Puerto Cabello, donde ejerce la docencia juntamente con su apostolado por la libertad de las Antillas, Hostos se reúne con emigrantes cubanos y puertorriqueños y les alimenta el espíritu con ideas patrióticas.

Además de la pasión desbordante por la libertad, en Venezuela nace en su pecho otra pasión, esta vez por la mujer que ama, la cubana Belinda Otilia de Ayala, con quien se casa en Venezuela en 1877.

Hostos es palabra viva, fuego encendido en una llama perenne, de cuyo resplandor brota la energía que ha de movernos hacia la consecución de nuestras metas. Aquella perseverancia, aquella constancia ejemplar, aquella lucha irrenunciable, a pesar de los desencantos, tiene que hacer mella en nuestros espíritus.

Todo lo antes expuesto confirma el por qué Bolívar y Hostos han sido precursores de la CELAC. Pero ahora, continuemos avanzando hacia el último año del siglo XX. Algo grande  está sucediendo en Caracas. En el Hemiciclo del Congreso de Venezuela, el Teniente Coronel, Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, se juramenta como el Primer Presidente de Venezuela del siglo XXI. Es el elegido, es quien hará realidad los sueños de Bolívar, Hostos y de todos los patricios latinoamericanos y caribeños.

El 2 de febrero de 1999, Se juramenta con estas palabras: "…Juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro".

Luego, inicia el discurso parafraseando a Bolívar: «Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando convoca a la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta».

No se trata de un lugar común, es un auténtico sentimiento bolivariano y de Patria grande, al referir también en su discurso y reconocerle la razón a Martí, en la frase: «Ahora es cuando Bolívar tiene que hacer en América todavía, porque lo que no hizo él está sin hacer todavía».

Es República Dominicana reflejada en sus palabras: “Nunca olvido el verso de Pedro Mir, ese gran poeta dominicano: «Si alguien quiere saber cuál es su patria, no la busque, tendrá que pelear y luchar por ella»; más adelante, al referir lo que será la política exterior de su gobierno expresa: “…estará orientada en primera instancia hacia la fachada caribeña, hacia la fachada andina y hacia la fachada amazónica, es el viejo sueño de Bolívar y de Martí y de Sandino y de O’Higgins y de Artigas, es la unión, es la unión de todos.”

Al releer una vez más ese primer discurso de nuestro Comandante y Líder eterno, pasaron por mi mente emociones intensas de vivencias personales: La convocatoria y elección popular de los diputados para la Asamblea Constituyente, de la cual mi esposo Vinicio Romero formó  parte; Asamblea Constituyente originaria que elaboró la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Constitución que garantiza el derecho de los pueblos indígenas; que visibiliza a la mujer, la libertad de cultos, que le confiere rango constitucional al estudio de la historia y geografía patria; derecho a la educación pública, vivienda, salud y alimentación, en una democracia, participativa y protagónica.

A partir de ese momento, el Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, al igual que Simón Bolívar en 1819, es una referencia universal para los pobres de la tierra, los desamparados, los movimientos de izquierda, y como lo refiere Juan Carlos Monedero en su blog: “Chávez en la señora que limpia, Chávez en el señor que vende periódico, es  la empleada de la tienda, Chávez del vendedor de helados, Chávez de la abuela que ahora ve y de la que ahora tiene vivienda”. Pero También Chávez son los pueblos  de latinoamericanos, caribeños y del mundo que aman la libertad y la justicia social.

Sigamos avanzando y hagamos una nueva parada en La Habana,  Cuba, donde el 14 de diciembre de 2004, esta naciendo el ALBA, Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América.  29 de junio e3 2005,  Ahora  en la ciudad de Puerto La Cruz, Estado Anzoátegui, Venezuela, donde nace PETROCARIBE, Acuerdo de Cooperación Energética, para los países del Caribe.

Frente a una  oposición mediática y fascista, financiada por los imperios; empuñando la espada de Bolívar, nuestro Comandante siguió avanzando en el objetivo propuesto. Esta vez es Brasilia el escenario donde se firma el 23 de mayo de 2008, el Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas UNASUR.

Volvamos al Caribe Mar, punto de partida de este recuento, para que juntos volemos a Santiago de Chile y participemos en la I Cumbre de la CELAC del 29 de enero de 2013, donde nuevamente se han reunidos  los 33 países que la integran.

Le correspondió a  nuestro Presidente Nicolás Maduro Moros, para ese momento, Encargado de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, el altísimo honor de leer el mensaje del Comandante Presidente, de su puño y letra, del que extraje el siguiente fragmento: “…Por eso con un recuerdo vivo, quiero compartir con ustedes una certeza: gracias a la CELAC ya nos vamos pareciendo a todo lo que una vez fuimos y a todo lo que quisimos ser pero nos fue arrebatado; nos vamos pareciendo a la Pachamama, a la cintura cósmica del Sur, a la reina de las Naciones y la madre de las Repúblicas…”

Señoras y señores, amigos todos, el año que viene le corresponderá a la República Dominicana la Presidencia Pro Témpore de la CELAC, para seguir consolidando la integración. En esa oportunidad se harán  presentes, además de los Jefes de Estado de los 33 países que la integran,  la Unión Grancolombiana de Bolívar; la Gran Confederación Antillana de  Hostos y nuestro Comandante y líder Eterno Hugo Chávez Frías, regocijándose al haber hecho realidad el sueño de quienes lo antecedieron. Nos tocará a nosotros y nosotras como también a las futuras generaciones de nuestra raza mestiza, latinoamericana y caribeña madre de libertadores, seguir luchando para continuar sembrando amor y cosechando Patria. Muchas Gracias.

 

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