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Ante la tumba de Lola Rodríguez de Tió, en presencia de Oscar López Rivera PDF Imprimir Correo
Escrito por Josefina Toledo Benedit [1]   
Martes, 05 de Diciembre de 2017 16:28

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Queridos Hermanos de ambas alas del pájaro común antillano, cantado por Lola Rodríguez de Tió. Es un excepcional privilegio poder dirigirles estas breves palabras: Aquí descansan los restos de Lola Rodríguez de Tió, de su esposo don Bonocio Tió Segarra, de su hija Patria Tió Rodríguez, y de su esposo Fernando Sánchez de Fuentes. Lola y Bonocio, de firmes ideas independentistas, decidieron establecerse definitivamente aquí en La Habana, y solicitaron que sus restos descansaran entre nosotros.

 

 



Lola Rodríguez de Tió [2] es la voz lírica más importante de la poesía puertorriqueña en el siglo XIX, según la autorizada opinión del paradigmático crítico literario español don Marcelino Menéndez y Pelayo, quien expuso que con Lola se inicia la literatura puertorriqueña. No es que no existieran otros  poetas anteriores a ella, o contemporáneos suyos; se trata de su poderoso don poético, el carisma aglutinador de su personalidad y, sobre todo, la fuerza de su sentimiento patrio, su romántica sinceridad que –al estilo de Martí--  anhela  la independencia sin por ello declararse enemiga de ningún pueblo: ni del español, cuya cultura admira; ni de los Estados Unidos, cuyo desarrollo técnico y material conoce desde su estancia en Nueva York, como emigrada revolucionaria, y miembro de los clubes del Partido Revolucionario Cubano fundado por J. Martí.


Lola Rodríguez de Tió es la primera en expresar el anhelo de independencia y libertad del pueblo puertorriqueño que, al igual que Cuba, permanecía subyugado por el colonialismo español. Hizo suyo el ideal de independencia antillana enarbolado por Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos y nuestro José Martí, el más joven de los tres.


Conocedora del poder movilizador de la música y la poesía, ella y su esposo reunían a sus invitados en una tertulia artístico-literaria en la Farmacia de Monagas. Allí se brindaban almojábanas, dulces caseros y refrescos de frutas naturales. Se hablaba de lo insostenible del poder colonial español en Puerto Rico. Se conspiraba abiertamente.  En una de esas noches sangermeñas, Lola decide dotar de un himno patriótico el ideal independentista, y escribe la letra del Himno Nacional de Puerto Rico, sobre la música de una conocida danza titulada “La Borinqueña”.  Toca el piano Virgilio Biaggi, y uno de los asistentes, Ulises Sanabria, copia los versos de la letra que Lola le va dictando, apoyada sobre el piano de cola. Esa noche surge y se escucha por primera vez el himno nacional boricua, cantado por su autora, según va adecuando la letra sobre la música que le sirve de fondo. Se afirma que se cantó por primera vez, de forma colectiva, en la casa de Eugenio Cuevas, en el barrio Salud, de Mayagüez. Para entonces, ya había sido sofocada por la metrópoli colonial la insurrección del Grito de Lares el 23 de septiembre de 1868. En Cuba se había iniciado la Guerra de los 10 Años el 10 de Octubre del propio año 1868, con el ímpetu de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria cubana, al darle la libertad a sus esclavos, y convocarlos en su ingenio La Demajagua a pelear con las armas en la mano hasta lograr la independencia de Cuba; los que quisieran incorporarse, pues la libertad que Céspedes dio a sus esclavos era incondicional. Era el glorioso Grito de Yara.

Recogiendo el sentir independentista de las dos islas irredentas, J. Martí consigna en 1892, en el primer artículo del documento fundador:

El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico [3].

Originalmente la letra de “La Borinqueña” es más extensa de lo que hoy cantamos, tiene tres estrofas, que vale la pena recordar porque son muestras de la identidad revolucionaria entre cubanos y puertorriqueños, y de la solidaridad que nos ha unido desde el siglo XIX:

La Borinqueña

I

¡Despierta borinqueño,
Que han dado la señal:
¡Despierta de ese sueño
Que es hora de luchar!
A ese llamar patriótico
¿no arde tu corazón?
Ven nos será simpático
El ruido del cañón.
Mira al cubano ya libre está,
Le da el machete la libertad;
Ya el tambor guerrero
Dice en su son
Que es la manigua el sitio,
El sitio de la reunión.

II

¡Bellísima Borinquén
A Cuba has de seguir,  
Tú tienes bravos hijos
Que quieren combatir;
Ya por más tiempo impávidos
No podemos estar;
Ya no queremos tímidos
Dejarnos subyugar;
Nosotros queremos ser
Libres ya.
Nuestro machete afilado está.
¿Por qué entonces nosotros
Hemos de estar tan dormidos y sordos
Y sordos a la señal?

III

No hay que temer riqueños
Al ruido del cañón,
Que salvar a la patria
Es deber del corazón;
¡ya no queremos déspotas!
¡Caiga el tirano ya!
Las mujeres indómitas
También sabrán luchar.
Nosotros queremos la libertad
Y nuestro machete nos la dará.
¡Vámonos borinqueños,
Vámonos ya!
Que nos espera ansiosa
¡ansiosa la libertad!
¡la libertad, la libertad,
¡la libertad, la libertad!

Les decía al principio que es un excepcional privilegio hablar en la tumba de Lola Rodríguez de Tió, junto al Héroe vivo de Puerto Rico OSCAR LÓPEZ RIVERA, quien nos honra y nos anima con su presencia. La solidaridad, la hermandad, no desaparecerá nunca entre nuestras dos islas, porque como escribió Lola Rodríguez de Tió:



Cuba y Puerto Rico son
De un pájaro las dos alas:
Reciben flores o balas
Sobre el mismo corazón


Quiero recordar que esta es la estrofa más conocida, pero la estrofa que sigue inmediatamente después de esta es uno de los más hermosos cantos a la amorosa unidad de nuestras islas hermanas. Dice Lola:

¡Qué mucho si en la ilusión
Que mil tintes arrebola
Sueña la musa de Lola
En ferviente fantasía
De esta tierra, y de la mía,
Hacer una patria sola!

Lola, junto a Betances, Hostos, don Pedro Albizu Campos, Lolita Lebrón, don Rafael Cancel Miranda y sus compañeros, don Juan Mari Brás, Filiberto Ojeda, y el Héroe liberado OSCAR LÓPEZ RIVERA, representan la continuidad, el símbolo vivo de la patria puertorriqueña. Símbolo que los trasciende, y que veneramos todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo entero.

Y ahora, como el mejor saludo a la memoria de la patriota y poetisa, y los invito a finalizar cantando el Himno Nacional que ella escribió, en su versión acortada, que todos conocemos:

¡Despierta borinqueño,
Que han dado la señal:
¡Despierta de ese sueño
Que es hora de luchar!
A ese llamar patriótico
¿no arde tu corazón?
Ven, nos será simpático
El ruido del cañón.
Nosotros queremos la libertad
Nuestro machete nos la dará.
¡Vámonos borinqueños,
Vámonos ya!
Que nos espera ansiosa
¡ansiosa la libertad!
¡la libertad, la libertad, la libertad!
¡La libertad!

¡Viva la eterna solidaridad de Cuba y Puerto Rico!

La Habana, viernes, 17 de noviembre de 2017.

1 Dra. en Ciencias Históricas. Biógrafa de Lola Rodríguez de Tió. Estudiosa de temas y personalidades antillanas. Miembro de la Uneac: e.m. jtoledo@cubarte.cult.cu    Teléf fijo: 7640 38 85. Dirección postal: Calle 11 núm 2721 entre Reforma y Canal. Rpto. Maceo. Municipio Cerro. La Habana, Cuba. Cód. Postal: 13406
2 Lola Rodríguez de Tió (San Germán, Puerto Rico, 14 de septiembre de 1843-La Habana, Cuba, 10 de noviembre de 1924).
3 José Martí: Obras completas. Editorial Nacional de Cuba. La Habana, 1963- 1973, t. 1, p. 279.

 

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