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Las FARC-EP comienzan su transformación en partido político PDF Imprimir Correo
Escrito por Katu Arkonada   
Martes, 29 de Agosto de 2017 03:44

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Después de 53 años de clandestinidad desde que en 1964 fueron creadas como respuesta a la represión contra la región de Marquetalia, por primera vez el himno de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) se escuchó en el centro de Bogotá.



Junto al himno nacional de Colombia, cientos de ex guerrilleros de las FARC, muchos de ellos asumiendo por primera vez y de forma pública su militancia, corearon un himno cuya estrofa principal dice Guerrilleros de las FARC /con el pueblo a triunfar /por la patria, la tierra y el pan. Guerrilleros de las FARC /a la voz de la unidad / alcanzad la libertad.

De manera simbólica, el primer mensaje le correspondió a Pablo Beltrán, comandante y jefe de la delegación de paz del Ejército de Liberación Nacional (ELN), quien mediante un video dio la bienvenida al nuevo partido de las FARC, subrayando la necesidad de la militancia en tiempos difíciles. Fueron también varias referencias las que se hicieron en el primer día de Congreso a la necesidad de que se produzca un cese del fuego y se lleve adelante un proceso de paz entre el ELN y el gobierno colombiano.

Una vez dada la bienvenida a todas y todos los delegados al Congreso que dará a luz a un nuevo partido que debe tener un rol crucial en la política colombiana, tomó la palabra su comandante en jefe, Rodrigo Londoño, más conocido como Timoleón Jiménez Timochenko, quien nos dejó el mensaje de que una vez terminada la guerra, ahora toca construir la paz, pero todo ello sin renunciar al proyecto de sociedad de las FARC, que buscará un régimen político democrático que promueva el bienestar de la sociedad, desde el respeto a los derechos humanos y la justicia social.

Pero la intervención principal de la jornada inaugural le correspondería al comandante Iván Márquez, jefe de la delegación de paz de las FARC-EP durante los diálogos de La Habana que propiciaron el acuerdo con el Estado colombiano.

Tras rememorar negociaciones pasadas que no llegaron a buen puerto, como las de Uribe, o las de Tlaxcala, Caguán o Caracas, hizo un balance del momento actual del proceso de paz en Colombia. Márquez aseveró que la paz alcanzada no es perfecta, pues es una paz negociada, basada en acuerdos –precarios en muchos casos–, pero debe ser una paz que abra las grandes alamedas del buen vivir y el bienestar de las grandes mayorías.

Sin embargo, no hubo espacio para el triunfalismo en la intervención del negociador jefe de la ex guerrilla, muy crítico del gobierno colombiano, al que interpeló mediante la expresión latina pacta sunt servanda (lo pactado obliga), una forma de decir que los acuerdos son para honrarlos, y una crítica velada a los reiterados incumplimientos que se vienen dando a los Acuerdos de Paz de La Habana, ya depositados ante el gobierno de Suiza, y por tanto, imposibles de modificar. Márquez subrayó la manifiesta debilidad de un gobierno que cede a las presiones, y que no controla los diferentes resortes de un Estado que debe velar por la realización de lo pactado.

Respecto de lo acordado, se hizo especial énfasis en el de la reincorporación a la vida política una vez completado el ciclo de lucha armada, aunque dejando claro que este tema, la reincorporación, no se puede dejar exclusivamente en manos del Estado.

Lo que sí es parte de los acuerdos y no se ha cumplido, es la amnistía para los guerrilleros. A pesar de haber sido liberados centenares de ex combatientes, es un asunto crucial para las FARC la liberación de todos y cada uno de los prisioneros políticos. Asimismo, fueron numerosas las referencias a Simón Trinidad, comandante del Bloque Caribe, extraditado por Álvaro Uribe a Estados Unidos en una operación que buscaba ligar a las FARC con el narcotráfico, y que actualmente cumple condena en el país norteamericano, a pesar de que se solicitó que pudiera ser parte del equipo negociador durante los diálogos de La Habana.

Pero también hubo tiempo en la intervención principal de la jornada inaugural para mirar al futuro, para trazar algunas de las líneas que se van a debatir durante los próximos tres días de congreso a puerta cerrada entre los más de mil delegados acreditados.

Tres fueron los ejes principales que Márquez colocó encima de la mesa para la discusión en su informe. En primer lugar, la expansión hacia lo urbano, dejar de ser una organización predominantemente de ámbito rural para apostar por una creciente y expansiva proyección en los centros urbanos del país. Un partido asentado en las ciudades que apueste por una economía alternativa.

En segundo lugar, y respecto del carácter de la nueva organización política, se propone crear un partido-movimiento, superando una falsa dicotomía entre partido de cuadros y partido de masas. La definición final la dará la propia praxis del nuevo grupo político, pero el compromiso es claro por una organización que se articule, y no necesariamente lidere, con las luchas reales a lo largo y ancho de Colombia.

Finalmente, y ya con las elecciones presidenciales de mayo 2018 en el horizonte, lo expuesto en el informe central al congreso fundacional no tuvo ninguna ambigüedad. El nuevo partido de las FARC-EP promoverá una convergencia política, una gran coalición que permita desnivelar la balanza en favor de las fuerzas que apuestan por la paz.

El mensaje final de Márquez fue el de la necesidad de la unidad, un guiño a los referentes políticos de las FARC-EP, Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, así como a Simón Bolívar: Unidos seremos fuertes y mereceremos respeto, divididos y aislados pereceremos. (Tomado de La Jornada)

 

Katu Arkonada - Politólogo vasco. Ha coordinado las publicaciones “Transiciones hacia el Vivir bien” y “Un Estado muchos pueblos, la construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador”. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.



Palabras de Palabras de Rodrigo Londoño, líder de las FARC-EP, en la instalación del Congreso

Camaradas:

Al reunirnos en este Congreso, con el propósito de fundar el nuevo partido político que presentaremos al pueblo colombiano, estamos dando un paso trascendental en la historia de las luchas populares en Colombia.

Las FARC-EP, el glorioso movimiento armado revolucionario nacido el 27 de mayo de 1964, nos trasformaremos a partir de este evento en una nueva organización exclusivamente política, que ejercerá su actividad por medios legales.

Esto no significa que renunciemos de algún modo a nuestros fundamentos ideológicos o proyecto de sociedad.

Seguiremos siendo tan revolucionarios como los marquetalianos, persistiremos en recoger las banderas bolivarianas y las tradiciones libertarias de nuestro pueblo, para luchar por el poder y llevar a Colombia al ejercicio pleno de su soberanía nacional, y a hacer vigente la soberanía popular.

Continuaremos luchando por el establecimiento de un régimen político democrático que garantice la paz con justicia social, el respeto de los Derechos Humanos y un desarrollo económico con bienestar para todos quienes vivimos en Colombia.

Así lo estableció nuestra Octava Conferencia al corregir y ampliar el Programa Agrario, y tales previsiones seguirán siendo parte de nuestro arsenal ideológico y político.

Simplemente ahora damos cumplimiento a las conclusiones aprobadas por nuestra Décima Conferencia. Su declaración política llevó por título ¡Se acabó la guerra, vamos todos y todas a construir la paz! En ella consignamos que el Acuerdo Final de La Habana contiene los mínimos necesarios para dar continuidad por la vía política a nuestras aspiraciones históricas por la transformación del orden social vigente.

Y que por tal razón decidimos surtir todos los aprestamientos necesarios para el tránsito de nuestra estructura político-militar hacia un nuevo partido político. Dificultades conocidas en la implementación, impidieron que este Congreso se celebrara en el mes de mayo. Lo hacemos tres meses después, con la misma meta trazada por la Conferencia, dar continuidad a nuestros propósitos políticos de carácter estratégico por la construcción social de poder para el pueblo.

Como siempre hicimos las FARC, a nuestros contradictores en uno y otro extremo del espectro político responderemos siempre con hechos, sin necesidad de enzarzarnos en complicados debates. Nuestro mejor argumento serán las masas organizadas y en movimiento en los más diversos escenarios, enfrentando con verdadero talento al régimen y al sistema.

Si nuestro compromiso es ofrecer nuestra fuerza y energía por la unidad de los sectores progresistas, democráticos y revolucionarios del país, de los movimientos políticos y sociales, de las múltiples organizaciones sectoriales y reivindicativas en el nivel nacional, regional y local, tenemos que tomar conciencia real de la amplitud con que debemos dirigirnos a la nación, sin dogmas ni sectarismos, ajenos a toda ostentación ideológica, con propuestas claras y sencillas.

Ello deberá manifestarse en nuestro nombre, en nuestros símbolos, en nuestra actitud, en nuestra manera de tratar con la gente, en nuestras plataformas y programas. La Gran Convergencia Nacional, con la que pretendemos crear poder desde las bases y disputar los espacios institucionales, sólo será posible si actuamos con modestia, sin soberbias o suficiencias, con respeto por los demás.

No necesitamos convencernos de que somos revolucionarios, sino sumar más y más gente al proceso por las grandes transformaciones del país.

Las marchas guerrilleras solían enfrentarse a enormes filos, que una vez coronados nos permitían apreciar más allá, hacia otras hondonadas y cimas que nos esperaban. Es así como debemos considerar el paso que estamos dando.

Superamos en lo fundamental el obstáculo de la guerra, celebramos este Congreso públicamente y en la capital del país, una victoria real impensable años atrás. Tenemos por delante grandes retos y múltiples dificultades.

Nada es fácil en el mundo político, mucho menos la actividad revolucionaria. El régimen y el sistema no están hechos para nosotros, pero estamos inmersos en ellos y dispuestos a cambiarlos. Requeriremos de cabeza fría y de masas que nos respalden en todos los espacios. Nuestra misión fundamental será ganarlas, sin ellas el adversario hará lo que quiera con nosotros, sin ellas no lograremos cambiar nada.

Hagamos de este un Congreso histórico, del que salgamos más unidos que nunca a cumplir con nuestros sueños. Urge comprender y asumir la dimensión política estratégica del paso que estamos dando. No se trata añorar volviendo la vista al pasado, sino de extraer de él la experiencia acumulada con mirar a la construcción de un futuro mejor para nuestro pueblo. La paz tendrá que ser una realidad cierta en Colombia, una hermosa tarea nos espera.

Bogotá, 27 de agosto de 2017

 

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