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La última colonia del planeta Tierra PDF Imprimir Correo
Escrito por Filiberto Ojeda Ríos   
Sábado, 26 de Abril de 2014 00:54

filibertoLa segunda expedición de Cristóbal Colón, llevada a cabo en el mes de noviembre de 1493, le produjo a España, entre otras inmensidades territoriales, a Borikén.



Ese era el nombre indígena a lo que hoy el mundo conoce como Puerto Rico. Forma parte de las Antillas Mayores que a su vez están localizadas en el gran archipiélago de las Indias Occidentales y que prácticamente sirve como línea divisoria entre el Océano Atlántico y el Mar Caribe. Durante poco más de cuatrocientos años, el régimen expansionista español aplicó la política de colonización que fue común a toda nuestra América: la conversión de los indígenas en esclavos hasta provocar su casi extinción; la extracción de sus suelos de todas las riquezas y minerales, estimulados por su avaricia y sed de poder; la imposición de la esclavitud negra mediante el rapto de africanos y su traslado a lo que para ellos eran los objetivos de sus nuevas posesiones territoriales y la expoliación metódica de todos sus recursos.

Una vez logrado extirpar de su suelo lo que la tecnología de esos siglos les permitía, convirtieron a Puerto Rico en un bastión militar cuyo objetivo era proteger sus intereses en todo el continente americano.

La ubicación geográfica de la isla como primer territorio de entrada al Mar Caribe, la convertía, a los ojos de los colonialistas –tanto de España como de Estados Unidos–, en una presa apetecible para garantizar la imposición de su política en el continente americano.

En el año 1898, el emergente imperialismo norteamericano, utilizando como pretexto un extraño incidente suscitado el 15 de febrero de 1898, el hundimiento del acorazado Maine en la Bahía de La Habana, Cuba, le declaró la guerra a España infligiéndole una derrota cuyo fin fue pactado el 10 de diciembre de 1898 con el llamado Tratado de París. Con ese tratado, España cede su soberanía sobre Cuba, Puerto Rico, Filipinas, y Guam a Estados Unidos con acuerdos particulares en relación a cada colonia.

Puerto Rico fue cedido totalmente a la nueva potencia del Norte. Desde antes de la ocupación militar yanqui sobre Puerto Rico, los boricuas venían desarrollando intensas luchas libertarias reclamando su independencia y la soberanía nacional.

Ya desde principios del siglo XIX numerosos puertorriqueños estuvieron integrados a la lucha que el extraordinario General Simón Bolívar desarrollaba en casi toda la América del Sur. Durante diversas décadas de ese siglo, las conspiraciones libertarias, las sublevaciones de esclavos y los levantamientos fueron constantes expresiones del pueblo puertorriqueño en su lucha por la libertad de la nación.

Un elemento de gran importancia siempre marcó la trayectoria de esas luchas: la solidaridad entre los patriotas boricuas con los esfuerzos libertarios de los cubanos, dominicanos, venezolanos y haitianos, todos los cuales históricamente han unido su suerte en aras de lograr no solo la libertad de sus naciones, sino también la unidad caribeña y latinoamericana. Los más importantes próceres de esas naciones expresaban abiertamente la deseabilidad de establecer una Confederación Caribeña vinculada al sueño bolivariano que fue la creación de la Patria Grande: América Latina.

Aun cuando los pueblos de cada una de estas naciones han desarrollado sus luchas de manera independiente, ejerciendo su dirección estratégica particular, los patriotas y revolucionarios de cada una de ellas no han escatimado esfuerzos para integrarse a las guerras libertarias históricamente predominantes colocándose al servicio de quienes tenían en su haber el mando de esas contiendas.

Esa legítima hermandad fue la razón que motivara la integración de puertorriqueños a la guerra de independencia capitaneada por Bolívar, al igual que la participación de venezolanos en lo que fuera el Grito de Lares del 1868 en Puerto Rico, cuyo gestor e ideólogo lo fue el Padre de la Patria Puertorriqueña: Ramón Emeterio Betances.

En ese mismo siglo, al fracasar el Grito de Lares, numerosos puertorriqueños combatieron en la manigua cubana al igual que apoyaron todas las gestas patrióticas que tomaban lugar en República Dominicana y en Haití. Ese entremezclado de revolucionarios caribeños ha sido una constante hasta el día de hoy. La solidaridad de los cubanos hacia las luchas puertorriqueñas se ha hecho sentir, similarmente, durante todas las épocas tanto contemporáneamente, al igual que en los siglos pasados.

Además de la enorme afinidad existente entre Ramón Emeterio Betances, Juan Ríus Rivera (Puerto Rico), José Martí, Antonio Maceo (Cuba), Máximo Gómez, Gregorio Luperón (República Dominicana), Manuel y Miguel Rojas (Venezuela), hacia las luchas de unos y otros, hay que destacar que durante la increíble lucha librada por el puertorriqueño Pedro Albizu Campos y su heroico Partido Nacionalista durante buena parte del siglo XX, la solidaridad de los más importantes patriotas de Cuba siempre estuvo presente.

Es igualmente importante expresar que fueron centenares los puertorriqueños que tomaron parte activa de una u otra forma para ofrecer apoyo a lo que todos conocemos como la Revolución Socialista de Cuba comandada por Fidel Castro Ruz. Muchos de los actuales dirigentes puertorriqueños, como lo son Juan Mari Brás, organizador del Movimiento Pro Independencia de los años sesenta; Juan Antonio Corretjer, el ya fallecido líder de la Liga Socialista Puertorriqueña, y tantos otros, han luchado por Cuba y por esa unidad caribeña que ha marcado el rumbo estratégico de sus luchas.

Durante las últimas décadas, el movimiento de izquierda puertorriqueño, aun en su dispersión y expresiones diversas, coinciden en numerosos aspectos de fundamento estratégico. La naturaleza de todos es, aunque no expresado así en la práctica, de carácter marxista.

Las coincidencias y similitudes en todo lo que son las luchas de justicia social, el apoyo de masas, la naturaleza y rol de los sectores trabajadores, la importancia de defensa del ambiente como parte integral de las consignas y luchas de importancia internacional, la lucha contra el neoliberalismo, y la solidaridad, son características de todos. Las diferencias pueden o no ser mayores en torno a los métodos que sirven de instrumentos para lograr los objetivos comunes.

Sin embargo, la coincidencia en torno a nuestra integración a la mancomunidad caribeña y latinoamericana es muy sólida. Ello es indicativo de que el camino por andar está en la fuerte tendencia impulsada por Venezuela e irrestrictamente apoyada por Cuba en torno al desarrollo del ALBA, o sea, la Alternativa Bolivariana para América Latina. Durante más de cien años de un brutal colonialismo destructivo instrumentado por los yanquis en contra de los legítimos intereses de nuestro pueblo, hemos sido victimizados y atropellados brutalmente. Hicieron todo lo posible por evitar que los puertorriqueños nos comunicáramos en nuestra lengua materna que es el español.

Para ello, impusieron la enseñanza en inglés en las escuelas de nuestro país; impulsaron un proceso de transculturación negativa con el propósito de llevar a cabo un genocidio cultural; destruyeron toda la economía de autosustento alimentario que poseíamos desde antes de su invasión; obligaron y obligan a nuestra juventud a servir en sus fuerzas armadas, bien sea de manera compulsoria o por necesidad de trabajo; impusieron todas sus agencias federales como elementos decisivos en lo que es la sociedad puertorriqueña, como lo son la Corte Federal, controles sobre inmigración, correos, comunicaciones, leyes de cabotaje y usos de marina mercante exclusivamente norteamericanas, agencias represivas como el Buró Federal de Investigaciones (FBI), la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Servicio Secreto, etc., establecieron sus bases militares desde las cuales invadieron a Cuba, a República Dominicana, a Granada a todas aquellas naciones de Nuestra América que pudieran representar un aparente peligro para sus intereses. Todo ello, mientras reprimen al pueblo luchador, dividen a nuestro pueblo e imponen colonialmente sus políticas en nuestra sufrida patria.

Este cuadro solo presenta de manera efímera, lo que es la realidad colonial que sufre la nación puertorriqueña. Nuestro pueblo es un pueblo luchador.

Ha habido numerosos movimientos revolucionarios tanto clandestinos (que aún existen y luchan tenazmente), al igual que operando en la legalidad. Importantes sectores de nuestro pueblo se movilizan en torno a las luchas sociales y ambientales, a veces de manera espontánea, aunque siempre orientados por fuertes sentimientos libertarios.

Mediante este artículo, me dirijo a los pueblos del mundo para solicitarles su apoyo a la justa causa del pueblo boricua. Nuestro enemigo no es otro que el actual enemigo de la humanidad: los criminales del pueblo iraquí y de Falujah, los criminales de Afganistán, los que pretenden usurpar, jurando falsamente en nombre de la democracia, controlar al mundo, los recursos energéticos de los países que poseen esos recursos y tratando de imponer su sistema capitalista fascista como forma de vida a todos los pueblos. Los puertorriqueños decimos NO a esas pretensiones. (septiembre, 2005)

 

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