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Hugo Margenat: un acercamiento a su presencia histórica PDF Imprimir Correo
Escrito por José Manuel Torres Santiago   
Sábado, 11 de Octubre de 2014 00:59

margenatEl 10 de octubre de 1933, nació en San Juan el poeta puertorriqueño Hugo Margenat, y murió el 7 de abril de 1957 cuando apenas tenía 23 años de edad. Fue, al decir de la crítica, el heraldo de la Generación del Sesenta en Puerto Rico y el precursor inmediato de la nueva poesía comprometida; en particular, de los poetas del Grupo Guajana.

Hugo, cubierto con la aureola de la poesía y el enigma de la muerte joven, fue entonces para los nuevos poetas el símbolo desacralizador de un sistema social que prohibió a sus niños y a sus adolescentes, durante la década de 1950, las palabras “patria”, “patriota” y “patriotismo”, porque éstas se identificaban con el apóstol Pedro Albizu Campos y sus discípulos nacionalistas, que predicaron a sangre y fuego el resurgimiento nacional, la insurgencia antiimperialista, la liberación nacional y la independencia de Puerto Rico, desde 1930 hasta 1954.

El período histórico que se extiende de 1930 a 1954 resume el acontecer nacionalista puertorriqueño bajo la dirección de Albizu Campos. Es un período que, a grandes rasgos, puede desglosarse de la siguiente manera: apostolado albizuista en torno al lema “La Patria es Valor y Sacrificio” (1930); el asalto, el 16 de abirl de 1932. del Capitolio (la Legislatura) para evitar la oficialización colonial de la bandera puertorriqueña, en el que muere el adolescente Manuel Rafael Suárez Díaz; la denuncia de las prácticas genocidas del Dr. Cornelius Rhoads en el Hospital Presbiteriano, quien confesara, en una carta manuscrita, haber matado ocho (8) pacientes puertorriqueños a quienes había inyectado células de cáncer; la huelga cañera de 1934, que dirige Albizu Campos luego de que los obreros rechazaran a sus líderes “socialistas”; la masacre en 1935 de varios militantes nacionalistas en Río Piedras, a manos de la policía; la ejecución revolucionaria del jefe de la policía, el norteamericano Elisha Francis Riggs, por un comando compuesto por los jóvenes Elías Beauchamp e Hiram Rosado en 1936; el asesinato sumario de Beauchamp y Rosado en un cuartel policíaco el mismo día de la ejecución de Riggs; el arresto en 1936 de Albizu y el liderato nacionalista, acusados de “conspiración para derrocar el gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico”; el encarcelamiento de Albizu y sus compañeros de lucha desde 1936, primero en la Cárcel La Princesa, en San Juan, y, un año después, en 1937, en la penitenciaría de Atlanta, Georgia, en el sur de los Estados Unidos; la Masacre de Ponce, el 21 de marzo de 1937, cuando la policía asesinó viciosamente a diecinueve personas --nacionalistas, mujeres, niños y civiles--, e hirió a más de quinientos simpatizantes del nacionalismo; el atentado contra el juez Robert Cooper y el encarcelamiento de los conjurados; la resistencia al Servicio Militar Obligatorio del Ejército de Estados Unidos a partir de 1941; el regreso de Albizu de la cárcel y su destierro el 15 de diciembre de 1947; la huelga de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en 1948 por defender la libertad de expresión y protestar la tiranía del rector Jaime Benítez; la insurrección liderada por Albizu en Octubre de 1950; el ataque armado a la Casa Blair (casa alterna del Presidente de Estados Unidos) por Griselio Torresola y Oscar Collazo el 1ro de marzo de 1953; el ataque al Congreso de Estados Unidos, liderado por una mujer, Lolita Lebrón. El ciclo se cierra con la muerte mártir de Albizu Campos, el 21 de abril de 1965, después de sufrir un ilegal y brutal encarcelamiento y de haber sido sometido a torturas con radiaciones.

Hugo Margenat pertenece a la pléyade de jóvenes que, en  el segundo lustro de la década de 1950, desde la Universidad de Puerto Rico, con la sola arma de la dignidad, reclama el patriotismo albizuista prisionero en las mazmorras de los presidios coloniales y norteamericanos. Es quien recupera el sentimiento épico de nuestra poesía y la trágica agonía del nacionalismo a través de una poesía de abierto y lírico compromiso político. Quienes descubrimos su presencia a través de su modélico ejemplo y, sobre todo, por las diversas vías de su poética, pronto supimos de su conciencia social, de sus lazos con la historia y con su pueblo, con los héroes muertos o encarcelados a raíz de la insurrección nacionalista, y con el arte y la verdad.

En “Unos apuntes”, que sirven de antesala a su libro Mundo abierto, nos da su definición de lo que es o debiera ser un poeta. Hugo nos dice que: “El poeta es un medium, un vehículo, una antena. Es el instrumento de todas las pasiones humanas y misterios divinos que buscan expresar la esencia de la Psiquis Universal.” Es la definición de una nueva poética puertorriqueña. Rechaza la fuga lírica, el trascendentalismo y la retórica que impuso la represión política a la poesía y al arte desde el establishment y el mundo oficial. No es una poesía de realismo vulgar la que promueve esta poética. Por el contrario, circunscribe la poesía a lo genésico y primigenio de la creación. Así nos dice: “Creemos en la espontaneidad de la poesía, porque la verdadera poesía es magia, no cerebro, espíritu, no piedra, ráfaga de viento, no muro de contención. La poesía no ha de vivir, ni en lo regimentado, rígido, ni en lo sistemático o normalizado. La Poesía es tan libre como el aire o como el pito de un barco que termina en notas infinitas. Lo particular profundo, lo particular sencillo, lo particular puro o impuro no hacen en sí Poesía. La Poesía ha de ser Hombre y Universo”. Era la respuesta, su firme respuesta al pueblo cerrado que describe en su poema El hoy.

No viviría muchos años el joven artista que así expresaba la esoteria y la dialéctica de su espíritu. Cuando se perfilaba como un prodigio de la poesía y el patriotismo, la muerte lo arrebató a su pueblo y a su tierra. Apenas contaba 23 años de edad y ya asombraba por su capacidad lírica y por su atrevimiento político. Era la sorpresiva voz del asombro, porque todavía no había transcurrido un lustro de la rebelión nacionalista y porque el país, entonces regido por la represión y las leyes de la contrainsurgencia, padecía el terrorismo kafkaesco de un estado policíaco que llegó hasta a perseguir a quienes llevaban flores a los cementerios a los héroes muertos o a quienes rezaban en las iglesias por la salvación de sus almas. Hugo es quien primero canta, sin el bozal del puritanismo lírico, sin evasivas y sin miedo político, con el dolor del sublevado, el grito libertario de la juventud que sucede a la generación de la Huelga Universitaria de 1948 y a los encarcelados o masacrados en el levantamiento nacionalista de 1950. Toma la antorcha poética que en esa década encienden los poetas tutelares puertorriqueños Juan Antonio Corretjer y Francisco Matos Paoli.

En el segundo y último libro que publica en su breve vida, Intemperie (1955), lo dice sin muchas inhibiciiones y como réplica a los vates de la fuga poética en boga, que entonces, debido a la abusiva y brutal represión y persecución políticas imperantes, flotaron en las aguas metafísicas de la alienación o en los abstractos aires de los vacuos trascendentalismos espirituales. Se puede decir que Hugo presagia la poesía que vendrá en los nuevos tiempos y hasta llega a sugerir que la historia parirá una rebelión de los poetas.

No me voy a desvincular de lo abierto.
Vivo, como yo soy, mojado de intemperie
hasta los huesos y arrancado del suelo
como un pico dirigido al espacio.
(Intemperie, Intemperie)

Será, sin embargo, un torrente indomable: rebelde político, carismático, filosófico, anticlerical, espiritual, religioso (pero sin inglesia y sin dios), deicida (baja a Dios del cielo a la tierra y lo humaniza), vanguardista, independentista, anticapitalista, antiimperialista y socialista. Trae una nueva herejía a la poesía puertorriqueña cuando revela y levanta su palabra contra la apatía social, la abulia colonial y el cristianismo hipócrita y castrador. Pide, en fin, una nueva espiritualidad y un nuevo humanismo para el puertorriqueño. Ya no cree en el Dios que le impuso la tradición católica, ni en el que aprendió a adorar falsamente en el templo luterano. De ese Dios se burla con sutil ironía y sin caer en el ateismo vulgar o exhibicionista:

Yo voy a disolver a Dios
en esta cerveza
para quitarle su amargura.
Para darle ese sabor
de disoloción vasta de los cielos orientales.
...........
abriremos el círculo cerrado
para destornudar las siete maravillas
humanas de una carcajada.
(Yo y Dios hemos vuelto, Intemperie)

Su tiempo histórico corresponde a los amargos y desesperados días de la insurrección nacionalista y la represión del pensamiento libertario en Puerto Rico; los días en que se impuso al país el inmovilismo, el no pensar (para los sumisos sólo pensaba un hombre, el caudillo rural Luis Muñoz Marín); el paternalismo de estado y la emigración forzada a los Estados Unidos; se emigran más de 300 mil campesinos y trabajadores para desnacionalizar el espíritu puertorriqueño, quienes forjan una nacionalidad o diáspora en el destierro estadounidense. En lo internaciona, Hugo vivió las desoladoras agonías y los tributos de sangre a los que el Servicio Militar Obligatorio estadounidense sometía a la juventud puertorriqueña en la anticomunista guerra de Corea. Decenas de jóvenes boricuas murieron en esa guerra con el consentimiento tácito del gobierno de Puerto Rico que permitía el reclutamiento obligatorio. Pedro Albizu Campos condenaría la infamia y retaría al gobierno de Estados Unidos resistiendo el reclutamiento, voluntario u obligatorio, anticipándose así a las luchas contra el mismo servicio militar que desarrolló la juventud norteamericana en la década de 1960. durante la guerra de Vietnam. Hugo Margenat mismo será soldado y vivirá amarga y angustiosamente, en contra de su voluntad, su patriotismo y su conciencia, esa humillante experiencia. En el poema Sepa usted, condena el oficio de soldado y pide abiertamente a los jóvenes puertorriqueños que rechacen el uniforme militar, porque quien acepta ser soldado en Puerto Rico se convierte en un criminal que deshonra y mata el país:

Soldado: asesino de la patria
Hombre, rechaza el uniforme que denigra.
Yo sé de miles de botas que se hunden
en la tierra nuestra, destrozándola.
Yo sé de la marinería borracha y sádica
que como una avalancha de blanco estiércol
se riega por calles y plazas vomitando
su negro sello de piratas.
Yo sé de los aviones que ametrallaron
nuestros tejados en un día de octubre.
Aquel horrible desprecio que llovía
en fuego sembrando dolores profundos.
No olvides que la luz no pudo ser ocultada
y a su calor la patria suspiró transformándose
como un rojo beso en el abrazo azul y desnudo del aire.
(Sepa usted, Mundo abierto)

Su ingreso a la Universidad de Puerto Rico definirá y hará inevitable su militancia política. Cuando algunos scholars universitarios creyeron haber exiliado el movimiento independentista de la juventud intelectual, Hugo y un grupo de jóvenes vanguardistas se dieron a la tarea de fundar a AJI (Acción Juventud Independentista) en abril de 1956, de la que sería presidente, y en octubre de 1956, la FUPI (Federación de Universitarios Pro Independencia), de la que sería vicepresidente. La FUPI será la juvenil organización que dará dolores de cabeza al régimen colonial, al patriarcado y al establishment académico, y que será protagonista de algunos fascinantes y dramáticos capítulos de la historia independentista del pasado siglo veinte. De esa FUPI saldría toda una intelligentsia rebelde, un nuevo independentismo y nuevas luces para el patriotismo y el ideario emancipador puertorriqueño. Su gestión ganaría libertades al patriarcado universitario. Es decir, sacaría los conceptos libertarios del texto idealista y los llevaría a la praxis social y académica.

De esos días de juvenil militancia incorruptible, permanece inédita una polémica por carta, que Hugo sostuvo con su padre, el poeta Alfredo Margenat, uno de los fundadores del Atalayismo, quien le recriminaba en 1956 que estuviera en la “presidencia” de una organización estudiantil universitaria de jóvenes independentistas. Aunque no lo dice en su carta, Alfredo Margenat se refiere a la fundación en el mes de abril de 1956 de Acción Juventud Independentista (AJI). Hugo, no sólo fue uno de sus miembros fundadores, sino que fue elegido su presidente. Según el padre de Hugo, “esa presidencia” le iba a afectar a Hugo en sus estudios y en su futuro como poeta, escritor y ciudadano. La carta del padre, fechada el 7 de mayo de 1956, era la típica declaración del autoritarismo paternal agrícola que entonces hacía crisis en la sociedad puertorriqueña. Cito a continuación algunos párrafos admonitorios de dicha carta:

"Pero basta de preámbulos. Espero que al recibir estas líneas te habrás sacudido de la organización incipiente creada por ustedes. Tú tienes un brillante porvenir —y eso lo han vaticinado los que tienen más autoridad que yo— en el campo de las letras, de la literatura, de la filosofía. Y ese porvenir no lo debes tronchar. A tu edad yo no había llegado a la cumbre literaria que tú has llegado. Y eso es decir mucho. Te esperan triunfos y glorias jamás soñadas por ti, aquí y en el exterior.

"Aléjate de la política activa. La política adultera lo esencial del hombre. Aviva su naturaleza inferior y lo aleja de la meta de la sabiduría. Y más sabiendo tú que la política que se practica en estos pueblos de América no es otra cosa que: Quítate tú para ponerme yo, aunque esta actitud se disfrace de ideales y postulados subjetivos. En el fondo del alma de los que pretenden ser redentores, no hay otra cosa que sordos rencores, venganzas insospechadas, frustraciones, inhibiciones y una cohorte de oscuros complejos patológicos".

La carta del padre de Hugo pasa de las admoniciones más o menos generales y filosóficas a las particulares que son, a mi juicio, las que hieren la sensibilidad del hijo y las que mueven a contestarle el mismo día que recibe la carta citada. Me refiero a la parte donde Alfredo Margenat le advierte con lenguaje crudo e irreverente lo siguiente:

"No quiero que tú seas uno más del montón de vividores y peseteros que, disfrazados de 'mártires y patriotas', andan por ahí viviendo como parásitos, sin ser útiles ni a su familia ni a la sociedad donde viven. Los conozco como a mis dedos y te los puedo nombrar por sus nombres".

Pero las palabras del padre no las escucharía el hijo como espejo ni como el consejo de una persona mayor y de probada experiencia en los avatares de la vida, sino que Hugo olfatea en ellas la reprimenda política que se puso de moda en Puerto Rico con la ascensión del régimen de Luis Muñoz Marín, la castración y la docilización intelectual de la juventud tan comunes a dicho régimen y la represión del movimiento independentista, en particular de los militantes del nacionalismo, razón por la cual responde a sus palabras con tal pasión, convicción y lucidez política que su padre inmediatamente reconoce a su exesposa, María Cristina Mediavilla Martínez, la madre de Hugo, no sólo el talento del hijo sino que le daría toda la razón por la demoledora dialéctica de su respuesta y, sobre todo, por la lección de dignidad moral que le dio. El dato lo sé porque discutí dicha carta con la señora Mediavilla cuando preparaba para el Instituto de Cultura Puertorriqueña las obras completas de Hugo. La carta de Hugo a su padre no se incluyó en dichas obras, a petición suya, quien no autorizó su publicación porque todavía Margenat padre estaba vivo. Hugo, en su contestación, cita como prueba a favor de su causa escritos del propio padre, en particular, escritos de cuando éste fue uno de los protagonistas de una herejía similar e izó las banderas de la liberación. Cita, también, con autoridad a Martí y a Walt Whitman como maestros tutelares, e imperativamente deja ver la huella de una nueva epifanía: el nacimiento de una nueva juventud intelectual y creativa en Puerto Rico. Vale dejar constancia de que el padre de Hugo —según me contara la madre— cuando se vio entre la espada y la pared y cuando sintió derrotada su reaccionaria recriminación, experimentó entonces orgullo por el hijo y su independencia de criterio fundada en la praxis de la conciencia y la historia. “Me la ganó”, fueron las palabras, esta vez felices, de don Alfredo Margenat.

No era ésta la primera polémica del joven Hugo Margenat, pues seis años antes, en la Navidad de 1950 y a la edad de diecisiete años, en respuesta a un pastor de la iglesia luterana de nombre E. Falió, que le invita a regresar al templo del que se había distanciado, le explica a éste “la decisión de haberme alejado de San Pablo”.  La carta revela la conciencia humana y social de Hugo, además de haber superado la religión que se impartía en el templo. “La religión —dice el adolescente Margenat— cualquiera que sea su creencia, ata, entorpece el progreso del individuo. La razón y el libre pensar quedan anulados y mucho de esto sucede en las religiones dogmáticas”. Cabe señalar que en un joven de su edad y en el Puerto Rico de la década de 1950 este tipo de pensar era raro y excepcional, pues no era común entre los hijos de un país de arraigada tradición católico-cristiana plantearse ese tipo de duda religiosa, ni mucho menos cuestionar los dogmas de la iglesia.

Pero aquella inteligente y sensible voz proteica sería sólo un relámpago en la noche oscura del alma de su país. La muerte arrancaría a Hugo en plena juventud de la vida y de su pueblo. Y por su temprana muerte quedaría en la soledad y el silencio del mito hasta que los poetas de Guajana lo vinieron a rescatar de la sombra, el olvido y el polvo colonial.

Su presencia y su recuerdo viven en quienes encontramos en su poesía la esoteria lírica de la creación y el sentimiento épico de nuestra historia. El tiempo, por otro lado, nos dice que necesitamos una biografía suya que nos descubra la intensidad de su corta vida y sus hallazgos poéticos. Sabemos que en su existencia hubo muchos amores, desamores, dolores, agonías y angustias. Sufrió conflictos religiosos, se fascinó con el misterio inmaterial y posiblemente participó en rituales espiritistas en su búsqueda metafísica “de lo abierto”, lo revelado y lo oculto.

En la poética que postula en Unos apuntes, de su libro póstumo Mundo abierto (1958), afirmó, vísperas de su muerte, la misión de su palabra poética. “Escribimos por nuestro dolor y por el dolor de los demás. Escribimos por nuestras alegrías y por las de otros. Pero también escribimos por el imperativo naturalmente profundo, más allá de nuestra percepción externa, que hay en el Mundo”. En dicho libro define a Dios con irónico y herético sentimiento. Dice al respecto y en novedoso verso: “Dios es un gato que nos mira”. Y como si no fuera poco, lo desciela, lo trae a la tierra y lo convierte en un Dios humano, revolucionario e insurrecto:

Dios es como yo, ateo,
duro, navegador insondable,
vagabundo de risas cortas
y miradas largamente estrepitosas.
Corta sábanas, trae carbón,
destruye paredes, levanta barricadas,
conmueve a la masa de pétalos,
llama a la revolución mundial
y entierra espinas de hambre cósmica.
Es anticapitalista, anticlerical y antiimperialista.
Dios, izquierdista,
es el conspirador perpetuo.
(Dios es bueno, Mundo abierto)

Hugo Margenat Mediavilla murió el 7 de abril de 1957. Nos dejó un legado que lo coloca en el panteón del amor, la poesía, la lucha y la liberación patria. Creo que no exagero al considerarlo el poeta joven más importante de la década de 1950, pues cantó como ningún otro creador de ese período la gesta nacionalista y el angustioso pathos de la crisis que sufría su país.  (Fuente: EnRojo)

 

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